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Atrapa tu llamado

por ACTIVA 5
martes, 23 de septiembre del 2008 a las 19:23
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Conoce y atrapa tu llamado

Muchas personas saben que son llamados por Dios para propósitos hermosos, pero no saben como llegar a ellos, incluso, nunca llegan a desarrollar su ministerio de lleno porque nunca lo pudieron identificar.

VIRTUDES MINISTERIALES

Conoce y atrapa tu llamado

Fil 3.12

No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.

El apóstol Pablo describe el esfuerzo para lograr "asir" aquello para lo cual había sido "asido" por Cristo Jesús.

La palabra "asir" se traduce como apropiarse, aferrarse a algo que se determina como propio. También se entiende como arrebatar, tomar posesión, alcanzar, echar mano, poseer.

Estoy seguro que Pablo estaba hablando de poder atrapar el propósito (llamado) para el cual había sido atrapado por Dios. Creo que de aquí se desprende esta verdad:

Rom 8.28

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Todo lo que vivimos, bueno o malo, éxito o fracaso, Dios lo usa para llevarnos de la mano al propósito que tiene para cada uno de nosotros. Cualquier cosa que nos sucede esta enfocada a posicionarnos en el propósito (llamado) de Dios para nosotros.

Dios nos atrapa, nos arrebata del mundo, toma posesión de nosotros para llevarnos a nuestra posición estratégica dentro del cuerpo de Cristo.

En el capítulo tres de la carta a los filipenses, encontramos cuatro escalones para lograr llegar al propósito de Dios para nuestras vidas.

Escalón No. 1: Despójate

El apóstol Pablo hace una lista de todas aquellas cosas que había conquistado en la vida, que, sin duda, podrían considerarse como "confianza" en la vida.

Sin embargo el apóstol se da cuenta que todos aquellos "logros" no eran lo más importante para él. 7Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo (Fil 3.7).

Después de analizar su futuro, se da cuenta que lo que tenía en sus manos podría considerarse como "perdida".

El escritor a los hebreos dice: Despojémonos de todo peso (Heb 12.1). Pablo decidió "despojarse" de aquello que tenía algún significado importante, incluso que le dejaba satisfacción (eran para mí ganancia).

¿Qué es despojarse? El cambió de una vida centrada en intereses personales a una vida entregada a alcanzar el llamado de Dios en nuestra vida.

¿De que se trata este despojo? Hablamos de todos los deleites mundanos y de los privilegios externos que buscaban anidarse en el corazón junto a Cristo. Hablamos de algún mérito y algo digno de recompensa, aquello que nos pueda traer algún tipo de ganancia o gloria personal. Todo esto debemos tomarlo como pérdida.

Pablo había observado escrupulosamente las demandas formales de la Ley y tratado fanáticamente de exterminar a todos los opositores al judaísmo. Al igual que el apóstol, nosotros hemos arropado herencias de nuestros antepasados, estructuras sociales, creencias, ideologías, que se llegan a defender fanáticamente y se toman como la verdad absoluta. Todo esto impide que logremos asir aquello para lo cual fuimos asidos por Cristo Jesús.

La palabra "despojar" se traduce como arrancar hasta la piel. Quitar a la fuerza.

Rom 13.12-14

12 La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.

13 Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia,

14 sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.

Efe 4.22-24

22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,

23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente,

24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Mucho de aquello que hemos hecho importante en nuestro corazón debe ser considerado como "basura", debemos arrancarlo desde raíz, nada puede ocupar el lugar de Cristo y de su propósito para nuestra vida.

La frase "lo tengo por basura" literalmente se lee "lo tengo como estiércol" (versión RV 1909). Llegaría a ser necedad que después de conocer la virtud maravillosa de su amor, su incobrable ternura y su anhelo de vernos en una plenitud de vida, anheláramos más las cosas de este mundo, las estructuras pasadas que a él.

Creo que en esto estaba de acuerdo el salmista cuando dijo:

Sal 73.25

¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? y fuera de ti nada deseo en la tierra.

Puede pensarse que es fácil decirlo, pero, ¿qué hacer cuando llegue la prueba? La clave esta en no solo considerarlo como pérdida, sino como la basura más vil, sobras tiradas a los perros; no sólo menos valiosas que Cristo, sino en sumo grado despreciables cuando se las compara con el propósito que Dios tiene para nosotros.

Este despojo cambiará nuestras perspectivas futuras, hábitos, modales, estructuras mentales, y cambiará nuestra naturaleza para poder vivir el presente poniendo nuestro ojos en aquello para lo cual fuimos asidos (atrapados) por Dios.

No es fácil dejar los rudimentos del pasado, aquello que se ha hecho por toda una vida forma estructuras mentales difíciles de cambiar. No fue fácil para Moisés dejar el desierto para regresar a Egipto a cumplir su llamado. No fue fácil para Abraham dejar todo lo que había logrado. "Pero Jehová había dicho a Abram". "Había dicho", ¿Qué encierra esta frase? ¿Sería que la respuesta de Abraham no fue inmediata?

Cuando Felipe se encontró a Natanael le compartió que había encontrado al Mesías. La respuesta de Natanael nos da una clara idea de sus "ataduras" mentales. "¿De Nazaret puede salir algo de bueno?" ¿Quién le había enseñado a Natanael esta "doctrina"? Comentarios que pasan de boca en boca llegan a tomarse como una verdad o como una tradición insustituible.

La realidad es que necesitamos despojarnos de todo peso para poder asir (arrebatar) el llamado que Dios nos ha hecho.

Escalón No. 2: Establece prioridades

¿Qué es lo que da dirección a nuestra vida? ¿Cómo enumeramos nuestras prioridades? ¿Qué es primero y que después?

Es común que direccionamos nuestras acciones por las situaciones vividas en el pasado. He sido testigo de personas muy talentosas que se han quedado estancadas porque no lograron superar las heridas del pasado. Otros siguen recordando los logros y triunfos, parece que fue todo lo que podrían lograr.

De la misma manera, hay motivadores carnales que influencian para establecer las prioridades. El apóstol establece que el problema no son los bienes materiales, sino el amor a ellos. Estos motivadores se originan en los deseos carnales. Debemos preguntarnos, ¿Por qué lo deseo? ¿Qué me motiva a tenerlo? ¿Me edifica espiritualmente? ¿Aumenta el orgullo, la vanidad? ¿Esta en la voluntad de Dios?

Las metas, anhelos, sueños, y la falta de ellos, son un factor importante para dar dirección a nuestra vida. ¡Esto es muy importante! No tener sueños es peor que tener sueños equivocados. ¿Cómo puede una persona establecer prioridades si no tiene anhelos? Por otro lado, si las metas están mal ubicadas, las prioridades serán en vano.

¿Qué prioridades estableció Pablo?

Fil 3.8-11

 8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,

9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;

10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,

11 si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.

En primer lugar, el motivador principal es el amor por Cristo (por amor del cual lo he perdido todo). Además, el apóstol esta poniendo sus ojos en su Señor y en el propósito que tiene para él. De ser un cazador de herejes, Pablo vino a ser un cazador de Cristo.

En segundo lugar, establece sus prioridades adecuadamente.

1.     La excelencia del conocimiento de Cristo. En Efe 1.15-19, el apóstol Pablo ruega a Dios para que sus hijos en la ciudad de Éfeso recibieran espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Cristo, y que fueran alumbrados los ojos de su entendimiento.

El fin de esta oración era para que ellos supieran cual era la esperanza (propósito) a la que habían sido llamados, y cuáles eran las riquezas que en ello están incluidas, así como la grandeza de su poder para los que creemos.

El conocimiento de Cristo es conocerle íntimamente. Moisés le dijo: Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos (Exo 33.13). Ante la tarea (propósito) que Dios le había encomendado, Moisés sabía que era prioritario conocer al Dios que le estaba sirviendo.

Creo que debido a esta oración, el salmista escribió: Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras (Sal 103.7). El conocimiento de Dios nos lleva a sus obras, y, por supuesto, ¡sus obras son maravillosas!

Moisés pidió primero conocerle, después le pidió ver su gloria (sus obras). ¿Por qué? Porque, ¿como podemos dar la gloria al hacedor de maravillas sino le conocemos?

¡No podemos servir a quien no conocemos!

Saulo de Tarso se encontró con quien no conocía, sin saberlo estaba luchando con Dios mismo.

Hech 9.5-6

5 El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.

Ante tal manifestación de Dios, Saulo entendió que no había otro poder más grande, ni otro Señor más poderoso. ¿Quién eres, Señor? Además de darle el honor de "Señor", ¡de inmediato quiso conocer al que estaba delante de él!

¡Antes de hacer la voluntad de Dios, tenemos que conocerle! ¿Cómo podremos servir a quien no conocemos? Conocemos las obras, pero, ¿conocemos al Señor de las obras?

Hemos visto las maravillas, sanidades, prodigios, milagros, ¡esas son sus obras! Conocer a Jesús es conocer su corazón, sus anhelos, sus proyectos, sus propósitos para sus hijos. Llegar al conocimiento de Cristo es amar lo que Dios ama, aborrecer lo que Dios aborrece, hacer lo que el desea que hagamos, tener la carga que él tiene.

¿Por qué se cometen tantos errores en el ministerio? Porque se actúa en lo que creemos que esta bien, accionamos según lo que mejor nos parece. Le preguntaron al Doctor Cho el secreto de tener la iglesia más grande del mundo. Todos los concurrentes sacaron sus libretas para escribir la "receta de cocina". El Doctor Cho dijo: "Pregunto, escucho y hago".

¡Todos los grandes secretos están en el corazón de Dios!

He aprendido algo maravilloso: Dios no tiene llamados pequeños. Todos los llamados y propósitos de Dios son grandes y poderosos.

2.     Ser hallado en Cristo. La raíz griega para la palabra "hallado" refleja: Hallar cuando se esta buscando algo. Estar al lado de algo o de alguien. Descubrir algo o a alguien.

Me parece digno de tomar en cuenta con diligencia esta frase: "y ser hallado en él". El anhelo de Pablo es que todo mundo viera que estaba "pegado" a Cristo, si alguien deseaba "encontrar" al apóstol, lo encontraría "en" Cristo y "para" Cristo.

No deseaba estar "cerca", sino "en", "para", no deseaba estar "con", sino "dentro" de Cristo.

Hace años, buscando con intensidad a mi Señor, pude descubrir lo que nunca me había imaginado, el dolor que él siente por las almas perdidas, sus deseos para sus hijos, su dolor por la falta de fe en el cuerpo de Cristo, entre otras cosas. En esa ocasión, escuché al Señor que me decía: "has entrado a mi corazón". Me di cuenta que solo estando "dentro" podría haber conocido lo que había en el corazón de mi Señor.

Párate frente a la casa de tu vecino. Te aseguro que nunca sabrás que tipo de sala o comedor tiene, sino entras a su casa para "ver" lo que hay en ella. Pablo deseaba ser hallado "dentro" de Cristo.

Pablo establece el fin de su anhelo: Al estar "en" Cristo, Pablo caminaría en la justicia de su Señor y no en la propia, estaría abandonando sus propias "competencias" para caminar por fe (según el poder de Dios por la resurrección de Cristo), y le conocería hasta ser semejante a Cristo, incluso hasta morir en la misma forma que Cristo había dado su vida.

Muchas veces he iniciado bonitos proyectos, parecían ser los mejores, en realidad creía que Dios estaba de acuerdo conmigo en que los hiciera, pero al final, me di cuenta que todo venía de mi corazón. Los resultados fueron buenos, pero cuando el proyecto vino del corazón de Dios, entonces los resultados no serán solo buenos, sino excelentes.

Ser hallado en él, es estar en el 100% de su voluntad, haciendo lo que él quiere que haga.

Creo que el mayor desafío es hacer lo que Dios desea que hagamos en tiempo y lugar.

3.     Ser semejante a él. Al final nos damos cuenta que Pablo anhelada ser como Cristo en todos aspectos. Creo que esto llegó a ser una pasión viva toda su vida, por esto decía: Os ruego que me imitéis (1Cor 4.16).

Uno de los sueños de Dios es que sus hijos recuperen lo que perdieron en Adán: Ser semejantes a él.

Dios llevó a Moisés a un monte para enseñarle el modelo del tabernáculo, ordenándole que lo hiciera tal como lo había visto.

Hech 7.44

Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto.

Este tabernáculo estaba destinado a que la presencia de Dios estuviera en medio de su pueblo. Este modelo serviría para que los hebreos "aprendieran" de Dios, ellos serían un pueblo especial, diferente a los demás, ejemplo para todos, caminarían dando testimonio de su Dios.

Sería imposible que ellos lograran ser "semejantes" a Dios de esa manera, así que Dios nos envió un modelo "viviente", a su Hijo, de quien aprenderíamos todo lo necesario para ser la luz en medio de las tinieblas.

Jesús es nuestro modelo, Juan lo describe de esta manera:

Juan 1.14-18

14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.

16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.

17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Aquí esta todo muy claro. Aquel Verbo (Cristo) vino a ser nuestro modelo, de SU plenitud tomamos todos. Esa plenitud nos lleva a ser semejantes a él en todos sentidos.

Cada molécula de nuestro ser tiene que ser semejante al Hijo de Dios, esta es nuestra promesa. Esta semejanza la perdimos en Adán, pero en Cristo la recuperamos de nuevo.

¿Podremos ver a Magdalena como él la vio? ¿Lloraremos como él lloró al ver la incredulidad de la gente? ¿Responderemos con celo santo cuando el templo de Dios (nosotros mismos) sea contaminado? ¿Amaremos al Padre como él lo amo? ¿Subiremos a la cruz como él subió?

¡Estoy seguro que SI! ¡Cuando seamos semejantes a él!

A los discípulos de Antioquia les llamaron "cristianos" burlándose de ellos. Se parecían tanto a Jesús que actuaban como él, le seguían con tal pasión que despertaba la curiosidad y la burla de los habitantes de Antioquia. Ellos llegaron a ser señales vivientes de Cristo. El que volteara a ver a aquellos discípulos estaba viendo a Cristo mismo.

Los de Tesalónica gritaron: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá. Eran los que se parecían a Cristo que llegaron a declarar las locuras del reino como Cristo mismo lo hacía.

¡Que desafío! El mundo esta esperando "ver" y "tocar" a verdaderos seguidores de Cristo. Creo que Pablo tenía razón cuando declaró:

Rom 8.19

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

¿Cómo lo haremos? ¡Solo siendo semejantes a él!

¿Lo lograremos de un día para otro? Definitivamente no, sin embargo lucharemos cada día para despojarnos de todo peso y pelear para que el carácter de Cristo sea reflejado en nosotros.

Las posibilidades de lograr atrapar el propósito de Dios para nuestras vidas sin establecer estas prioridades son mínimas.

Escalón No. 3: Corre hacia el propósito

Nuestras prioridades son claras: Buscar el conocimiento de Cristo, ser hallamos en él y ser semejantes a nuestro Señor. Sin embargo, dentro del ajedrez de Dios, tenemos un lugar específico para cada uno de nosotros.

¡Nuestra meta, entonces, será "aferrarnos" a ése propósito (llamado)!

Muchas personas me han preguntado, ¿como puedo saber cual es mi lugar específico y estratégico en el cuerpo de Cristo? ¡Es verdad! Una gran cantidad de hijos de Dios están en un lugar equivocado. Verdaderos siervos de Dios están haciendo lo incorrecto. Son "ojos", pero están haciendo la labor de "manos". Son "cabeza" pero están haciendo la labor de "cola".

¿Qué esta pasando? No están en el lugar (propósito) correcto. He visto ministros fantasiosos, emocionalistas, profetizar sobre una gran cantidad de personas: Tú serás pastor, tu evangelista, tú irás a las naciones, perjudicando el verdadero llamado, evitando que ocupen el lugar correcto en el Cuerpo de Cristo.

No quiero menospreciar aquellos ministerios que si llevan una palabra correcta y con ello "desatan" o "activan" los llamados de Dios en las personas.

¿Cómo descubrir el propósito de Dios para mí? Tres consejos muy sencillos.

1.     Practica las prioridades de Pablo. Preocúpate por buscar la presencia de Dios, despójate de todo peso que te estorbe para caminar el largo camino de tu ministerio. Corre con paciencia tu carrera y ve dejando a cada paso el equipaje que sobra de tu vida.

Jesús le recomendó al hombre rico que vendiera sus posesiones y las diera a los pobres. Esta recomendación era demasiado para una persona que no tenía en orden sus prioridades, por esto se fue triste. Su corazón no estaba centrado en el propósito de Dios, sino en las riquezas.

Un pastor declaró: Dios me pidió todo lo que tenía, todo lo que había logrado, mi linda iglesia, edificio, ¡todo! Cuando decidí obedecer, Dios me habló de nuevo y me dijo: Ahora, búscame, corre hacia mi como desesperado, no pares hasta que "atrapes" mi presencia, cuando lo logres, habrás iniciado tu verdadero ministerio.

Muchos caminan al revés, primero inician el ministerio y enseguida buscan a Dios para que les ayude. ¡No es así! La presencia de Dios debe ser la prioridad en nuestra vida. Entonces el llamado florecerá y se multiplicará.

2.     Aprende a escuchar la dulce voz de tu Señor. Esta es la palabra profética más segura. Cuando alguien te de una profecía, será la confirmación de lo que has escuchado en tu corazón. Ahí, en lo íntimo de tu alma recibirás las instrucciones de tu Señor.

A Pablo el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Note que las instrucciones las recibió de un Siervo de Dios.

Cuando no se tiene la capacidad para oír claramente la voz de Dios, es adecuado consultar a un hombre o mujer de Dios que dé dirección, cuando esto viene de parte de Dios, el corazón se inundará de paz, de una pasión por hacer lo que Dios le esta pidiendo que haga.

Podrán darte mil profecías, pero la más segura es la voz de Dios a tu propio corazón. Alguien me dijo: José, yo nunca he escuchado la voz de Dios. ¡Que extraordinario! ¿Que predicas el domingo desde el púlpito? En mi organización nos enseñaron que esas cosas fueron para los primeros apóstoles porque no tenían Biblia, pero ahora nosotros tomamos un pasaje y en ese nos basamos para el mensaje.

¡Espera, detente! Dios es el mismo que se apareció a Pablo, su dulce voz sigue activa todavía, debemos aprender a escucharla cada día, en todo momento.

3.     Desarrolla metas. Cuando sabes hacia donde vas, ponte en acción, camina con paso seguro, Jesús te ha tomado de tu mano y no te soltará. En el camino tendrás aflicción, pero recuerda:

Rom 8.18

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Muchas veces, Dios nos mostrará parte del propósito, pero en el camino nos llevará al llamado final.

Yo inicié mi camino como "evangelista". Si alguien me decía que yo tenía otro ministerio, determinaba que estaba equivocado. ¡Yo era evangelista! Una anciana me dijo: "Usted es maestro", de inmediato le dije que no. Sin embargo, aquella preciosa mujer tenía razón. A partir de ese momento mi ministerio dio un impresionante giro. Ahora era un "evangelista-maestro". ¿Qué era aquello? Algo muy raro, pero funcionaba.

Tiempo después Dios me enseño el ministerio del profeta. Me sentía el ministro más raro del mundo. Ahora donde quiera veía demonios, "corría" la voz profética, eran "cultos extraños", ahora era un "evangelista-maestro-profeta".

Una noche, Dios me habla y me dice: "Quiero que levantes una iglesia". Pensé que Dios se había equivocado. Así que le pedí muchas confirmaciones. ¡Todas estaban dirigidas hacia donde mismo! ¡Dios quería que fuera pastor! ¡Tremenda tragedia para mí!

¡Ahora estaba muy confundido! Me subía al púlpito y le decía: "¿Dios, que manto me pongo? ¿El de evangelista, profeta, maestro o pastor?"

Un día, mi propio hermano mayor, Febronio, me dice: "José, veo entrando a tu casa muchas personas de traje y con un portafolio en sus manos, son pastores. Tu eres un apóstol". Corrí al baño y me vi en el espejo. Una riza nerviosa apareció en mis labios. ¿Yo, apóstol?, ¡ahora si que Dios se había equivocado!

La voz de Dios se dejó escuchar muy clara a mi corazón. "¿Como podrías pastorear a otros ministros sino conoces su oficio?" Entonces entendí que todas las cosas que me ocurrieron eran para bien, según el propósito al que había sido llamado.

Hoy desarrollo el oficio de apóstol, cuando platico con pastores puedo conocer los problemas comunes por los que pasan. Cuando platico con un evangelista puedo sentir su pasión por las almas. Al tratar asuntos proféticos, los puedo poner en un balance real. Al dar un consejo a un maestro, lo hago con plena certidumbre. ¿Por qué? Porque Dios me formó para esto, para producir obreros, para formarlos, discipularlos, enviarlos y cuidarlos.

Quiero profundizar en el punto tres. No pretendas conocer el final de la película. Camina de acuerdo a la acción que se esta presentando y disfrútala. El salmista Abel Zabala testifica que cuando salió del Instituto Bíblico se fue a trabajar tiempo completo a su iglesia. El primer día de trabajo, el pastor le llevó una cubeta con trapeador y escoba. Le dijo que su labor sería la limpieza de la iglesia. Al principio no lo entendía, pero lo aceptó. El pastor pasaba por donde esta Abel haciendo sus quehaceres y le decía: "Ahí esta la unción, Abel". ¡Si, ahí estaba la unción! ¿Qué unción? La de la humildad, la de la obediencia, la del sufrimiento.

Abel nos compartía que las primeras canciones, Dios se las dio cuando estaba limpiando la iglesia.

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ACTIVA 5

ACTIVA 5 escribió esta anotación hace 1 año. En ella habla sobre Estudios.

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